
El año pasado dí con una entrevista que la BBC transmitía en directo desde Londres. A un lado del periodista se encontraba Alex James, el bajista de la banda inglesa Blur, a quien Àlvaro Uribe habìa invitado a Colombia luego de que el mùsico publicara una oda a la cocaina. James aceptó, y durante su visita a nuestras tierras sobre-alimentó su culpa de ‘drogo’ converso. Al otro lado del periodista se encontraba el vicepresidente Francisco Santos, en representación del Gobierno de Uribe y de su característica escala de valores bipolar (bien vs. mal).
Nuestra realidad es inimaginable para la mayoría de europeos, y más para James, un popero inglés. Por eso, cuando empezó a entenderla, se le aproximó con esa ingenuidad que a nosotros, en cambio, se nos a socavado entre el plomo y los noticieros. El músico hizo, en vivo, una propuesta que acompañó de la misma indignación con la que un niño se da cuenta que la vida, a veces, no es ni tan fácil ni tan rica: “...lo que no entiendo es...¿porqué, en vez de fumigar, no sustituyen los cultivos de coca con cultivos legales que le sirvan a la gente y al país?”.

Santos se apresuró a contestar la duda y al hacerlo develó el pensar de la política agraria de nuestro Gobierno: “Naturalmente, lo estamos haciendo. Por ejemplo, ahora usamos muchos de esos terrenos para cultivos de palma”.
Según el estudio que hizo Ana María Ibañez, economista de la Universidad de Los Andes, sobre el fenómeno del desplazamiento forzado en Colombia, uno de sus resultados ha sido una gran contrareforma agraria. Existen conteos que indican que alrededor de 4 millones de hectáreas han sido arrebatadas de sus propietarios originales por grupos armados. Así fuera la mitad, digo yo, sería infinitamente perverso. Según la investigadora, aproximadamente una cuarta parte de la población rural colombiana ha sido desplazada de alrededor de 650 mil predios en los últimos 15 años. Esos predios, contrario a lo que pensábamos en las ciudades, permeables a Radio Casa de Nariño, no eran ni tan pequeños ni tan poco productivos: en promedio de 13,2 hectáreas cada uno, y representaban todo un sistema económico que integraba a las comunidades y que dejaba réditos importantes tanto para familias como para poblaciones.
Lo que no le contó Santos a James ni a los televidentes internacionales es que muchas de las tierras desocupadas forzosamente en territorios como el chocoano terminaron convertidas en grandes latifundios productores de palma. Fueron colonizados por vivos (por decir lo menos) que poco a poco le sacaron provecho al desarraigo para legalizar esas tierras y sembrarlas. Y es así, entre otras cosas, gracias a los incentivos gubernamentales para la iniciativa palmicultora, como nos dice Juanita Goebertus Estrada en su estudio Palma de aceite y desplazamiento forzado en zona bananera: trayectorias entre recursos naturales y conflicto.

Los cultivos de palma, hay que entenderlo, no los manejan pequeños terratenientes. No los manejan campesinos que necesiten ver el fruto de su trabajo día a día, mes a mes. Los propietarios originales de los predios desocupados del chocó no pueden ni podrán nunca manejar los cultivos de palma que hoy se erigen en sus otrora hogares, ni usufructuar de ellos. La industria palmicultora requiere de una infraestructura especial y de unos plazos de producción suficientemente largos como para que sus dueños no tengan cara de campesinos, sino mas bien de empresarios. Y es un hecho que, a los ojos del Gobierno de Uribe, la cara del empresario es más amable que la del campesino porque la pimera engorda las cifras de la macro economía y la segunda no tanto. Es diferente, sin embargo, en la realidad rural: está comprobado que los grandes latifundios son menos provechosos para las economías locales que la explotación de predios pequeños y medianos.
Sin decir que el Gobierno sea el responsable directo del drama rural ni del desplazamiento interno, y sin decir tampoco que la palma sea maldita en sí misma, creo que el vicepresidente, en un afán propagandístico, desconoció las implicaciones del tema de la palma mostrándolo como una propia iniciativa de paz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario