No marcharé el próximo cuatro de septiembre. La nueva marcha contra Hugo Chávez convocada a través de Facebook atiza negativamente las emociones de un público que ya está suficientemente enardecido. La manifestación va en detrimento de la coyuntura con Venezuela porque, creo, responde a una lógica polarizante y conflictiva, a una matemática mediática que ha cocinado mucha pasión desde que el neopopulismo se tomó nuestras naciones y que poco sirve al ideal desenlace pacífico de este aburrido episodio.
Sí, Hugo Chávez es un político de temer. Es un militar dirigiendo el poder ejecutivo de una república desigual y pobre en una regiòn tropical. Esa es la primera pincelada de un cuadro demoledor para cualquier ideal democrático; la segunda es el proyecto político de tintes internacionales que parece tener el presidente venezolano en la cabeza. Eso provoca, no lo niego. Como muchos extremistas, además, Chávez es una desgracia para su facción política: hoy gran parte de la izquierda latinoamericana -cuya presencia es absolutamente necesaria dado el panorama de desigualdad constante desde México hasta la Patagonia- se enmarca en fenómenos políticos que no solo están desprestigiados sino que, en casos como el de Venezuela, son efectivamente agresivos.
Y sí, claro, también es importante que la sociedad civil tenga la capacidad de manifestarse en masa en pro o en contra de cualquier cosa. Mal haría yo en criticar la marcha como iniciativa per se; eso sería legitimar la represión de la disidencia, tan presente por estas latitudes y tan criticada por mí. Me parece muy bien que marchen los miles que quieran.
Pero interpretemos los antecedentes. Creo que nuestras neo dictaduras latinoamericanas (hincapié en nuestras) responden muy claramente a una de las viejas urgencias del continente: necesitábamos resarcir frustraciones históricas a través de nacionalismos enardecientes. Estos gobiernos han llegado al poder en las urnas, es decir, se camuflan detrás de una fachada democrática porque es el electorado el que -por lo general por márgenes desproporcionados-, los ha elegido.
Eso implica consecuencias, y una de ellas es que este tipo de regímenes necesita seguir legitimándose a través de la creación o, como en este caso, del aprovechamiento de enemigos. Finalmente, fue gracias a ellos que inicialmente los eligieron (FARC-Uribe; Neoliberalismo capitalista-Chávez). Una vez los ánimos nacionalistas han elegido a un presidente, el paso siguiente es la unificación ideológica de la batería de componentes institucionales de una comunidad hacia una causa política, hacia una mirada de la realidad. Los medios de comunicación en Colombia, por ejemplo, se han encargado todas las noches de atizar el fuego promoviendo una innecesaria emocionalidad en las noticias relacionadas con Venezuela. Sobran los ejemplos. ¿Qué creen que pasa cuando, noche a noche, nos tratan de ofender con el rojo chavista, repitiéndonos a los gritos una y otra vez que Chávez, un payaso moreno amigo de Ahmadineyad, amenaza con invadirnos y con destruir nuestro orden económico? Pasa que los ánimos verticales que eligieron a Uribe se trasladan, unidos, contra este nuevu odio, potenciando desenlaces terribles. Uno de ellos, muy incómodo, es el de la polarización interna (esque tal no fue a marchar...¡¿por qué no fuiste?!...¿si vió? ¡El Polo es Chavista!).
La marcha anti-Chávez es materia prima para capitalizaciones para las que no me quiero prestar. No quiero convertirme en un argumento legitimador de la política uribista, con la que discrepo estructuralmente. Pero, sobretodo, no quiero convertirme en un argumento para la instalación bases militares gringas en nuestro territorio. O para una nueva elección de Uribe. Andrés Felipe Arias vendrá con José Obdulio y Valencia Cossio, con Velásquez y el Opus Dei, con Juanes y con Salvarte, con Brownfield y Chaney, a decir que Colombia acepta el realismo político de la seguridad democrática. Yo no.
Por último, no marcharé porque esta manifestación es un eslabón en una cadena que, sobra decirlo, no para ahí. En adelante, no quiero imaginarme los inevitables nuevos eslabones de lado y lado. Los medios venezolanos, cooptados por Chávez con la lógica polarizante que describo, dirán el 5 de septiembre que Colombia se manifestó contra el pueblo bolivariano. Si uno se fija, también es recurrente el comentario en boca de presidentes de extremas: Si se manifiestan en contra mía, se manifiestan contra todo lo que yo creo representar, es decir, contra todo lo bueno dentro de mi escala de valores = SON ENEMIGOS. Se lo oí decir hace poco al propio Uribe acerca de los detractores del referendo reeleccionista...¿por qué Chávez y su combo habría de reaccionar distinto? Ya lo veo diciendo que Bogotá es enemiga de Latinoamérica entera.
Ya veremos, puedo estar equivocado previendo tanta cosa. Pero la historia ha demostrado que las pasiones nacionalistas no conllevan ninguna solución, y sobretodo nunca a conflictos entre naciones o gobiernos. En la medida en que sigamos alimentando, con pasión, un monstruo dentro de nuestro pensar, el monstruo crecerá hasta convertirse en ese titular de periódico que, definitivamente, no queremos leer: “Guerra inminente”.

Yo tampoco voy a marchar y me opongo totalmente a la reelección... esto es un show más de este circo en el que nos metieron... o nos metimos?
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