martes 6 de octubre de 2009
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viernes 25 de septiembre de 2009
DEFECTO DE FÁBRICA

No hay nada más ridículo que el dedo chiquito del pié. He oído que sirve dizque para estabilizar el cuerpo, que es que es indispensable para no caerse. Pero todo eso es falso; el dedo chiquito no sirve para nada más que para recordarnos lo pequeña y pusilánime que es nuestra especie. Déjenme explicarles porqué.
El dedo chiquito del pié es un ñoco de poca carne y poco hueso que nos avergonzaría si eventualmente tuviéramos que mirarnos cara a cara con los elegantes extraterrestres con cuya invasión tanto soñamos. Ellos, naturalmente, no tendrían dedito chiquito del pié. Al ver nuestros ñoquitos rosados, se reirían, o lo que sea que hagan los extraterrestres cuando les dé pena ajena.
La uña de este dedo no se sabe si sí es o no es. Diminuta entre la hinchazoncita de carne, parece màs bien un mugre viejo pegado que una uña. Igual, si uno lo piensa, es también horroroso pensar en una posibilidad distinta: ¿un dedito chiquito con una uña grande encima? Horror.
El dedito chiquito es, por otro lado, la parte menos morboseable del cuerpo humano. Incluso frente a las mentes más extrañas pasa desapercibido. No creo, por ejemplo que Hannibal Lecter hubiera tenido algún fetiche gastronómico con el dedo chiquito de sus víctimas. Y no lo habría tenido porque, como el genio que dicen que era, sabría perfectamente de qué se trata esa piltrafa. Yo no me imagino a Su Majestad Lecter, hincho de prepotencia ante un cadáver listo para su consumo, parando a mirar el dedito y menos a babear con la idea. ¿Ese sobrado de tela humana? ¿ese error de factura? ¿tiene algo que hacer el dedito aquel al lado de un ojo o de una mano entera?
Todo esto me recuerda las reliquias de la Edad Media. Fieles por toda Europa asegurando que esta mandíbula es de San X y que esta costilla es de San Y. ¡Vaya y venga, digo yo, poseer una vaina que llaman el Santo Prepucio de Jesucristo en una jarra! ahí sí, a cobrar duro por entrada y aún más duro por salpicada del santísísimo líquido conservante. Decir que uno carga un diente de Mahoma o un mechón de Juana de Arco, eso, digo yo, sería algo. Y es que no importa que ninguna de las reliquias haya sido auténtica: independientemente de a quién se las hubieran sacado, seguro siempre llevaban inscrito algún misterio. Todas, menos un dedito. ¿Qué tendría que decirnos el dedito chiquito del pié de Santo Tomás? ¿recordarnos que el cuerpo del santo era mediocre, como el de todos nosotros? ¿que todo esto que dicen los creyentes de la imagen y semejanza se quedó en algún lugar del pié antes de llegar a la punta?
Lo máximo que aportaría un dedito-reliquia, sería hacernos pensar en cuántas veces maldijo el mártir después de darle accidentalmente un patadón a una mesa o a una cama. Porque creo que la única función lógica de este error genético es hacernos conscientes de la vulgar materialidad de nuestra existencia. El dedo chiquito busca cada pata de cada mesa, para sacarnos de agradables divagaciones mentales y traernos de culo a la realidad. ¿Hay mayor desgracia que esa? Cuando uno se pega en el dedo chiquito, uno siempre está descalzo, o en medias. Es decir, en la casa de uno, en la de alguien de confianza, o de vacaciones en tierra caliente. Ese es el dedo traidor, el que escoge esos momentos para cumplir su innoble objetivo.
Lo único que me divierte del dedo chiquito es la desgracia en algunos pies ajenos. Piénsese Uribe, por ejemplo, inmediatamente después de darle un golpe a una pata del lecho presidencial. Esas gafas fotosensibles se le deben oscurecer hasta su màs tenebroso tono dictatorial. O, ¿qué tal el dedito chiquito de Michael Jackson? De pronto era su último rincón negro. Aunque seguro que ese sí atinó a mandárselo a quitar, para luego embarrarla y decir que esque lo perdió como consecuencia de su crecimiento natural.
En fin, piénsenlo bien. Todo sería mejor sin dedito chiquito del pié. No hay nada que hacer, puesto que tendríamos que esperar aeones para ver a nuestra especie librada de ese martirio. Pero, evolutivamente, para allá vamos. Por ahora, acuérdese de mí la próxima vez que se lo golpee.
Todavía con IRA
El fracaso de varias negiciaciones en el pasado con el grupo terrorista y los efectos del conflicto en el panorama internacional mantienen en vilo a Gran Bretaña y a Irlanda del Norte
por Diego Montoya Chica
El viernes pasado, un policía de la localidad de Londonderry, en Irlanda del Norte, recibió cuatro tiros en las piernas y uno en una mano. Ese fue el último intento de sus agresores por llevarse la vida del oficial, quien ya había sido objeto de hostigamientos durante esa semana. El día anterior, una bomba estalló frente a su casa y otro explosivo fue desactivado muy cerca de la residencia de uno de sus familiares.
El hecho ocurrió en el marco de una escalada violenta que durante este año ha adelantado uno de los reductos del inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en Inglés). El grupo, auto denominado IRA Auténtico, admitió la responsabilidad del hecho ocurrido en Londonderry en un comunicado en que los subversivos lo justifican como otro castigo contra ‘elementos antisociales’, similar a otros que han venido perpetrando durante los últimos seis meses.
El parlamentario del Sinn Fein (brazo político del IRA desmovilizado), Raymond McCartney, condenó ayer estas acciones y las calificó de ‘cobardes’. “Mientras la mayoría de la gente trabaja para construir un futuro pacífico y democrático, parece que un grupo minúsculo y poco representativo cree que puede parar el progreso cometiendo acciones cobardes y escudándose en excusas falsas”, afirmó el político republicano.
“Es una amenaza severa dirigida a nuestros oficiales de policía”, dijo ayer al diario The Guardian Judith Gillespie, jefe de policía de Irlanda del Norte, quien también se refirió a otro hecho ocurrido en la misma semana en Forthill, una localidad cercana a la frontera con Irlanda del Sur. Una bomba de 300 kilos que se encontraba cerca del poblado fue desactivada por el comando anti explosivos del ejército irlandés, como resultado de una operación en la que participaron también las fuerzas armadas británicas. El artefacto, que según expertos es el más sofisticado que un grupo disidente haya ensamblado en los últimos años y cuyos efectos habrían sido devastadores, estaba conectado al otro lado de la frontera por un cable con el que pensaban detonarlo.
La genealogía
El IRA Auténtico es un reducto del IRA Provisional, y éste, a su vez, era una escisión del IRA Antiguo u Original. Este último fue concebido como el ejército oficial irlandés en 1916 por republicanos de la que en aquella época fuera una sola Irlanda. El objetivo primordial de este ejército, era la desocupación británica del país. En 1921, aunque el llamado Tratado Anglo-Irlandes había puesto fin a la guerra entre británicos y habitantes de la isla, una fracción importante del IRA decidió no acatar el acuerdo para continuar su lucha independentista, formando el IRA Provisional. Los miembros pro-tratado que se desmovilizaron del grupo armado, formaron el partido Sinn Fein, hoy activo y defensor del diálogo y la diplomacia.
En 1936, el grupo armado formado por los restantes disidentes, fue declarado ilegal por el gobierno irlandés de Éamon de Valera y, tras varias décadas de lucha armada fue clasificado como una organización terrorista por Inglaterra y por Estados Unidos. En 1997, una fracción mayoritaria del el IRA Provisional concertó un nuevo tratado, el Acuerdo del Viernes Santo, que implicaba la desmovilización total de la organización subversiva.
Pero la historia se repitió tal y como ocurrió a principios del siglo XX. Un grupo de miembros del IRA Provisional, opositores del nuevo acuerdo, formaron el IRA Auténtico para continuar la lucha armada desde la clandestinidad. Un año después, en XXX de 1998, el IRA Auténtico perpetró el que tal vez es la acción más sangrienta de su historia. 29 personas murieron y 220 quedaron heridas tras explotar un carro bomba en el poblado de Omagh.
El atentado captó la atención del mundo y, de nuevo, de los líderes del Sinn Fein, que lo condenaron inmediatamente. El presidente del partido republicano, Gerry Adams, dijo estar “totalmente horrorizado con la acción”. A principios de este año, miembros convictos del IRA Auténtico fueron condenados por un tribunal norirlandés a indemnizar con 1,8 millones de euros a los familiares de las víctimas.
Pareciera que la presencia de nacionalismos anti británicos radicales en Irlanda fuera inevitable. Hoy, casi un siglo después de la formación del IRA Antiguo, el problema no solo sigue cobrando víctimas sino que no parecen haber fórmulas diplomáticas a la vista distintas a las que se han usado infructuosamente en el pasado. Prueba del poco éxito de las negociaciones del pasado es la bomba desactivada en Forthill la semana pasada que, según dijeron las autoridades, era más poderosa que la usada hace una década en Omagh.
Por otro lado, el conflicto entre el IRA y las autoridades norirlandesas y británicas tiene, todavía, importantes implicaciones políticas en el panorama internacional. El primer ministro ingles, Gordon Brown, aseguró hace poco que aboga por que Muhamar Gadaffi, el dictador Libio, indemnice a las víctimas del IRA: Gadaffi financió en gran medida al grupo terrorista durante décadas. Sin embargo, Brown no ha querido responsabilisarse personalmente de esa campaña, presumiblemente porque, como se demostró con la liberación del terrorista de Lockerbie, Gran Bretaña está interesada en estrechar y proteger sus relaciones comerciales con el país norteafricano.
¿Se derritieron las alas de cera?
La popularidad de Barack Obama está sensiblemente diezmada. Entre tanto, esta semana el presidente norteamericano, sobre el que se han creado enormes expectativas, enfrenta un reto de cuyo desenlace depende gran parte de su credibilidad.
por Diego Montoya Chica
“¿Qué le pasó al presidente Obama? Habiéndose derretido sus alas de cera, el hombre cayó al suelo”. Con estas palabras comienza el más reciente artículo del columnista conservador Charles Krauthammer, publicado el 4 de septiembre en el diario norteamericanoThe Washington Post.Krauthammer, como otros detractores del mandatario estadounidense, aprovechó los resultados de la encuesta que la firma Zogby International realizó el 31 de Agosto y que da cuenta de la decreciente popularidad del mandatario, para arreciar sus críticas hacia el actual gobierno.
Según el sondeo, la aprobación de Obama en los Estados Unidos cayó a un excepcional 42 por ciento. Recién elegido, en momentos en que millones de personas observaban al primer presidente negro de la historia de ese país posar una mano sobre la Biblia de Abraham Lincoln para luego jurar, con admirable carisma, su compromiso y liderazgo, Barack Obama ostentaba casi el 70 por ciento de favorabilidad, según encontró la misma firma. Lo que es más significativo, sin embargo, es que las poblaciones consultadas en las que más se percibió el descenso fueron aquellas donde antes el mandatario contaba con más apoyo: en el mes previo a la encuesta los jóvenes entre 18 y 25 años dejaron de apoyar a Obama en un 18 por ciento, los afroamericanos en un 9 por ciento, y sus copartidarios demócratas en un 13 por ciento.
“Lo que ha ocurrido es esto: (Obama) se ha vuelto ordinario”, dice Krauthammer en su columna, titulada Obama, el mortal. “El encantamiento se rompió –continúa-. El carismático orador de 2008 ha perdido su magia.”
El origen del descenso
La reducción de la popularidad del presidente Obama se debe, presumiblemente, a coyunturas relacionadas con tres de los más trascendentales retos políticos que asumió el mandatario a su llegada a la Casa Blanca: la prometida pero obstaculizada reforma al sistema de salud pública, la desprestigiada ocupación norteamericana en Afganistán y el cuestionado sentido de seguridad que los norteamericanos demandan del presidente en un contexto de nerviosismo generalizado heredado del mandato de George W. Bush.
La reforma sanitaria es, sin embargo, el frente de combate más sensible en el futuro inmediato para el presidente. Hoy, 46 millones de estadounidenses no cuentan con servicio de salud alguno, y muchos de los que si lo obtienen deben pagar sumas de dinero que no son proporcionales con la dudosa calidad de la atención.
Wendy Johnson es médica especializada en Salud Pública. Trabaja con la organización Health Alliance International, y es profesora en la Universidad de Washington, en Seattle. La médica dijo a Hechos del Mundo que el sistema de salud actual se caracteriza por “la falta de un planeamiento centralizado en lo que tiene que ver con infraestructura y recursos humanos. Eso hace que terminemos con un exceso de médicos especializados y de máquinas que realmente no necesitamos, pero cuyo uso tenemos entonces que promover para pagarlos y enriquecer a sus dueños”. Johnson concluye que la mayor falla del sistema sanitario actual es “la carencia de un servicio universal, asequible y coordinado”.
Este miércoles 9 de septiembre, a su regreso de vacaciones de Camp David, Obama se dirigirá a las dos cámaras del congreso con el único propósito de hacer aprobar la reforma con la que el gobierno pretende ofrecer mayor cobertura y mejor calidad en el servicio sanitario. No obstante, el monstruo que Obama tendrá que encarar ese día es feroz: el apoyo político con que cuenta el mandatario dentro de su partido está diezmado, y el bloque republicano unirá fuerzas para desprestigiar y tumbar la propuesta presidencial.
Hay que recordar que ningún presidente demócrata ha logrado hacer una reforma sustancial al sistema sanitario con colaboración del partido republicano. Aún así, Obama necesita algo de apoyo dentro de ese partido, dada la magnitud de la reforma que, se cree, el presidente tiene en mente. Durante su campaña y a principios de su gobierno, el mandatario expresó que no descartaba la opción de hacer totalmente público el sistema de salud norteamericano, iniciativa que los conservadores rechazan tajantemente con argumentos ideológicos. Han dicho en repetidas ocasiones que la opción pública supondría una socialización del servicio, algo que muchos norteamericanos de derecha rechazan pero que las poblaciones más vulnerables recibirían de buen grado.
Así lo confirmó Denise Robertson a la agencia AFP. La mujer necesitaba una mamografía con urgencia y acudió a una clínica gratuita itinerante que, el día que paró en Los Ángeles, atendió a 8000 pacientes. La clínica fue condenada por los conservadores, de nuevo, por su supuesto tinte socialista, “¿A mí qué me importa si es socialista o no?”, dijo la mujer. “Somos el único país en el mundo donde los más vulnerables no tenemos nada”.
Lo cierto es que un fracaso en este frente supondría para el presidente estadounidense una pesada carga para los más de tres años que le quedan de gobierno. Su credibilidad y la confianza en su poder reformador quedarían muy afectadas, dado que muchos de los votos que eligieron a Obama fueron inspirados por sus propuestas sobre el tema de la salud durante su campaña.“Si usted tiene servicio de salud, mi plan reducirá sus costos”, anunció Obama en un discurso en Denver antes de ser elegido. “Si no, usted podrá acceder al mismo tipo de cubrimiento de que disfrutan los mismos miembros del congreso”, agregó.
Hay, sin embargo, quienes le restan importancia a los sondeos publicados la semana pasada. “Todavía no salimos de un bajón serio en la economía, uno que amenazaba con convertirse en una recesión global”, publicó Thomas E. Mann, el 4 de septiembre, en la página de Brookings Institution. Mann dirige los Estudios de Gobierno en esta entidad, y en su artículo responde negativamente a la pregunta: ¿Deben los demócratas asustarse con la reducción en la aprobación a Obama? El politólogo argumenta que “la mayoría de los líderes alrededor del mundo (presidentes, primeros ministros, gobernadores) han visto su apoyo popular decaer, especialmente entre los segmentos del electorado que están menos arraigados a un partido político específico”.
La campaña agresiva de Obama, su carisma y sus características como ciudadano, llenaron a los electores de expectativas que el presidente difícilmente va a poder satisfacer. Una cosa de la que se está dando cuenta el mandatario es que es muy diferente generar popularidad en campaña que obtenerla en ejercicio. Sin embargo, algo que debe tenerse en cuenta es que, por más de que las encuestas permitan sondear las tendencias de opinión, éstas no deben influenciar las decisiones del presidente de Estados Unidos. Lo más posible es que Obama le reste importancia a los sondeos, y se concentre en sacar adelante los proyectos que le prometió a su electorado. Debe hacerlo a como de lugar: de lo contrario su lema de campaña, Yes we can, se quedará en una exitosa estrategia publicitaria.
El ocaso de Musharraf
El antiguo aliado de Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo dió varios pasos en falso cuando buscaba su reelección. Por cuenta de ello, hoy enfrenta un juicio ante las autoridades de su país.

El expresidente y ex jefe de las fuerzas militares de Pakistán, Pervez Musharraf, podría ser detenido en caso de que regresara a su país. Así lo aseguró el Fiscal General pakistaní, Latif Khosa, el pasado 3 de agosto, luego de que la Policía de Islamabad abriera una investigación contra el ex mandatario por la presunta detención ilegal de jueces y magistrados durante el estado de excepción que decretó Musharraf en 2007.
Musharraf, quien llegó al poder mediante un golpe de Estado en 1999, dejó la presidencia en agosto de 2008 en vísperas de que el parlamento iniciara un proceso de destitución en su contra. Desde entocnes, se encuentra exiliado con su familia en Inglaterra, donde ofrece charlas en universidades británicas.
“Se puede lograr su detención forzando su retorno a travez de Interpol”, dijo Iftikhar Muhammad Chaudhry, actual Jefe de la Corte Suprema de Justicia, destituido por Musharraf en 2007 y restituido después la partida del gobernante. Chaudhry es, hoy, a pesar de que inicialmente fue nombrado en su cargo por el mismo Musharraf, uno de los más fuertes detractores del ex mandatario.
El propio Musharraf no se ha manifestado personalmente acerca de la encrucijada legal que le espera en su país. Sin embargo, Rashid Qureshi, un general retirado que ha actuado como vocero del ex presidente, le dijo a The New York Times que el proceso mediante el cual han tratado de llevar a su antiguo jefe a la corte “apesta” a deseos de venganza por parte de algunos políticos y jueces. “No puedo ententer todo el bombo mediático que han promovido estos grupos interesados”, dijo Qureshi. “¿No es ridículo? El presidente Musharraf sirvió al país durante ocho años. Estoy horrorizado con la manera en que se están comportando nuestros líderes políticos”.
Hoy, Pakistán es gobernada por el PPP (Partido del Pueblo Pakistaní), el grupo político de centro izquierda que dirigió Benazir Bhutto hasta su asesinato a finales de 2007. La muerte de la popular líder, ferviente opositora del régimen del militar, deterioró la imágen de Musharraf y unió a sectores influyentes de la política pakistaní en su contra. El PPP incluso culpó al entonces presidente del magnicidio. Bhutto contaba con el suficiente apoyo popular para derrotar a Musharraf en la contienda electoral que tendría lugar semanas después del atentado en que murió la política. Lo cierto es que el trágico episodio no solo contribuyó a que Musharraf renunciara a su cargo y con ello desistiera de sus aspiraciones reeleccionistas, sino que también catapultó al esposo de Bhutto, Asif Ali Zardari, a ganar las elecciones presidenciales de 2008 por un amplio margen electoral.
Los cargos
El 3 de Noviembre de 2007 fue un día crítico en historia política reciente de Pakistán. Ese día, Pervez Musharraf decretó el estado de emergencia en momentos en que la Corte Suprema de su país debatía la legalidad de un eventual nuevo mandato presidencial de ese jefe de estado. Musharraf, quien desde hacía un año había emprendido una campaña para hacerse reelegir, temía que la Corte Suprema emitiera un fallo que obstaculizara su continuidad en el poder. Los magistrados, efectivamente, así lo habían anticipado, arguyendo que Musharraf era jefe activo de las fuerzas armadas y que, como tal, no podría participar en una contienda electoral.
En ese momento, el mandatario aseguró al país, a travez de los medios de comunicación, que el estado de excepción –que duraría mas de un mes- era un imperativo dadas las supuestas interferencias del poder judicial pakistaní en las labores del Ejecutivo. Una vez obtuvo los poderes que le concede al presidente el estado de excepción, Musharraf destituyó a decenas de jueces y de magistados de la Corte Suprema que no le eran afines, y ordenó la detención domicialiaria para muchos de ellos, incluido su líder, el citado Iftikhar Chaudhry.
El pasado 31 de julio, en un esperado veredicto, la Corte Supurema pakistaní estableció que el decreto mediante el cual Musharraf instauró el estado de emergencia en 2007 es ilegal e inconstitucional. Los jueces, encabezados por Chaudry, calificaron las acciones adoptadas por el ex presidente en noviembre de ese año como “nulas e invalidas”. Consecuentemente, Zardari, el actual presidente, emitió una notificación para evitar que sigan ejerciendo 76 jueces nombrados por Musharraf durante el estado de excepción.
En la última década, han sido varios los mandatarios que han intentado mantenerse en el poder a traves de las urnas, un mecanismo político que da la impresión de que los regímenes autoritarios son democráticos y por tanto legítimos. Casos como esos hay varios en Latino América, y presentan rasgos similares al de Musharraf. Por ejemplo, tal empeño de los presidentes, normalmente, viene acompañado de una pugna entre los diversos poderes del Estado.
Sin embargo, tal vez ninguno de estos gobernantes le era tan afín a Estados Unidos como Musharraf. Hay que recordar que el militar pakistaní fue un aliado incondicional del gobierno de George W. Bush en su guerra contra el terrorismo. Tanto el ex presidente norteamericano como el hoy cuestionado ex vicepresidente Dick Chaney, se esforzaron por estrechar relaciones con el líder pakistaní. Los escándalos que se han desatado alrededor de Musharraf, quien enfrenta un juicio en su país y quien cuenta con muy poco apoyo en el panorama internacional, van en detrimento de la deteriorada imagen de los ex gobernantes estadounidenses.
Lo cierto es que el régimen de Musharraf le era mucho más conveniente a Estados Unidos que el gobierno pakistaní actual. Para la presidencia norteamericana, en voz del propio Barack Obama durante su campaña electoral, el gobernante Partido del Pueblo Pakistaní deberá hacer mayores esfuerzos por contener la incursión de grupos extremistas que han confluido en ese país en los últimos años.
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